La ciudad de Nablus

La ciudad de Nablus se encuentra en un valle rodeado de colinas regentadas por torres de control del ejército israelí. Desde una de las azoteas de la ciudad observamos una estampa similar al resto de localidades palestinas, calles estrechas con las casas aglutinadas y cubiertas por los tanques de agua.


¨Los colonos vienen y tiran basura, tratan de molestar a la gente. Todos los martes y miércoles vienen al centro de la ciudad para asustar a la población y llevarse a alguien. Antes, se veían piedras lanzadas por los palestinos cuando el ejército tiraba gas lacrimógeno. Desde lo alto de la montaña se podía ver lo que llaman lluvia blanca, creada por todo el gas lacrimógeno que caía sobre la población de Nablus cuando disparaban los soldados.¨


Nablus es la tercera ciudad más grande de Cisjordania. Está rodeada por 12 asentamientos con más diez mil colonos en toda la zona. La violencia por parte de los colonos es extrema y cotidiana especialmente en esta ciudad, donde en años como en 2013, donde se registraron hasta 267 ataques por parte de los colonos. Los ataques pasan desde quema de vehículos y tierras cultivables, hasta lapidaciones que incluso han acabado con la vida de varias personas.


Además la ciudad de Nablus cuenta con tres campos de refugiados. El más grande de todos ellos, el campo de Balata, es uno de los mayores campos de refugiados de toda Cisjordania. En tan solo 0.25 km2 “habitan” unas 23 mil personas. Este es el problema común de todos los campos de refugiados, el espacio no aumenta a pesar de que la población llegue, como en este caso, a duplicarse desde que se creó el campo hace setenta años. Los campos de refugiados son por definición asentamientos temporales, y no se prevé aumentar el espacio destinado a los mismos, a pesar de que el Estado israelí no tenga ninguna intención de acabar con este estado de excepción y ocupación militar permanente, haciendo caso omiso a las resoluciones de la ONU que exigen su retirada. Lo cual, además no les supone ninguna consecuencia.


Atravesamos calles estrechas, en las que nuestra envergadura apenas cabe sin rozar las paredes. La situación es extremadamente delicada y los enfrentamientos con el ejército israelí, pero también con la policía de la Autoridad Palestina son prácticamente cotidianos. Llegamos al Yafa Center, un centro cultural donde se realizan numerosas actividades, para que los más jóvenes sean capaces de crecer y desarrollarse de una manera distinta, a pesar de las dificultades que acarrea su situación. En el centro se realizan actividades como teatro, pintura, música, fotografía, cuentan con un grupo scout, y un grupo de salud mental y asesoramiento, también creado en base a la reciente preocupación por el aumento del consumo de drogas procedentes de Israel que ha tenido lugar en los últimos años.


Por otro lado, tanto en los campos como en la ciudad vieja, los recuerdos de la segunda intifada permanecen en las calles, las fachadas y en el corazón de las casas. Las paredes eran bombardeadas y penetraban en las casas una por una, las cuales se caían encima de las familias. Las personas que sobrevivían tendrían que enfrentarse después a las pérdidas de familiares, amigos, vecinos. Durante dieciocho días seguidos de ataques en la segunda intifada se contaron 224 muertos, 80 de ellos de la ciudad vieja de Nablus. Les supervivientes de las familias que sufrieron los ataques tuvieron que ir gateando desde la ciudad vieja hasta el campo de Balata.


Llegaron en 2002 e instalaron un toque de queda que nos mantuvo retenidos en casa durante 6 meses, dormíamos en el suelo porque corríamos el riesgo de que nos disparasen si nos veían a través de la ventana. Se fueron en octubre pero yo me fugué antes, acaba de graduarme en arquitectura y no había ninguna oportunidad para mí. A través de los tejados y los callejones alcancé una zona sin tanques y me recogió una ambulancia tal y como lo habíamos organizado, en ella pasé los controles como un paciente con un grave problema cardíaco, así llegué hasta Jericho. Entonces crucé la frontera hacia Jordania y así logré llegar a Suecia, donde vivo desde hace 16 años.


En las calles se pueden ver fotos y pinturas tanto de los mártires pasados como de los más recientes, así como fotografías de presos. Acompañando a esto, siempre hay mensajes de resistencia, poemas por la libertad, objetos de las diferentes civilizaciones que estuvieron en Palestina y cuya cultura aún quieren seguir recordando. Esto también es un método de resistencia, una defensa de sus raíces.



Nos adentramos en la ciudad vieja, hasta que llegamos a una fábrica de dulces. En el interior de la misma podemos encontrar una antigua sala donde se practicaban interrogatorios y torturas durante la primera y segunda intifada. Se trata de habitaciones de un metro cuadrado donde podían tener encerradas hasta a tres personas juntas durante días indefinidos con sus propios fluidos corporales, con voces amenazantes de fondo, con torturas diarias y violencia psicológica continua.

Nablus encierra una historia en cada pared, calle, persona y casa. Una de las ciudades más bonitas de Palestina y de las que más ha sufrido durante todos estos años de resistencia. Ojalá algún día el sueño del retorno se haga realidad.


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