La atención a la Salud Mental en Palestina

Retirado del núcleo vital de Belén, lejos, en un barrio de la ciudad, sí, pero donde la vida de esta transcurre como desde un escaparate, se encuentra el único hospital de atención a la salud mental de todos los Territorios Palestinos Ocupados.




La salud mental es un punto caliente en todo el mundo, a lo largo de la historia del siglo pasado se han ido abandonando constructos mágicos que explicasen sus trastornos, siempre con dificultad y lentitud. En una deriva occidental hacia lo plenamente físico ante la pérdida del sostén de la fantasía y la religión, no fue hasta la década de los 60 que lo social y la psique empezaron a asomar en la ecuación desde la boca combativa de extensas minorías.


Pero Palestina fue expulsada de la rueda del avance hace siete décadas. Tal y como expresa la OMS en su informe sobre la situación sanitaria en los territorios palestinos: la continuada ocupación y las medidas adoptadas por Israel restringen la capacidad del pueblo palestino y sus instituciones para lograr un desarrollo efectivo en los territorios palestinos. Los disturbios de la mente y la revuelta de la locura siguen siendo atribuidos al castigo divino, a la maldición, a la provocación del mal. Tal y como nos cuenta el Dr. Alshaik, psiquiatra del hospital, no hay conciencia colectiva del trastorno mental y, por ende, la culpa y la desconexión del medio recaen con toda su fuerza sobre aquellas personas cuya psique quiebra.


La ocupación juega un rol muy importante en la sociedad palestina. Supone a causa de muchos estresantes que profundizan la crisis de desempleo y pobreza, algunos de los principales determinantes de la salud, especialmente en Gaza, donde el 80% de la población dependía, según informes de 2010 de la OMS, de la asistencia humanitaria. La ininterrumpida ocupación israelí y las agresiones diarias del ejército de ocupación y de grupos de colonos a los palestinos, las retenciones, las limitaciones de los check-points, las detenciones; a día de hoy, en 2018, según Addammer hay un total de 5781 presos políticos en prisiones israelís, de los cuales 456 son detenciones administrativas, 65 son mujeres y 270 son niños, 50 de ellos por debajo de los 16 años, muchos de ellos también padecen diferentes enfermedades y no tienen acceso al tratamiento necesario, ni si quiera se le permite a los médicos palestinos que los visiten.


El doctor nos expone como la ocupación y el apartheid desencadenan estresantes y traumas que conducen al suicidio, a actitudes violentas reflejo de la violencia sufrida, a la amenaza constante de la integridad de la sociedad. En los últimos 2 años el índice de suicidio y crimen se ha disparado. La corrupción que devora las instituciones, el narcotráfico fomentado por las autoridades corruptas palestinas, a merced de las estrategias israelíes, son gotas que golpean, taladran, incesantes, la frente de la sociedad palestina.




Ante la precariedad de la asistencia en salud mental desde comienzos de los 2000 la OMS y comités del Ministerio de Salud iniciaron el desarrollo de programas de salud mental, sin embargo, los recursos, tanto humanos como materiales, escasean. En toda Palestina hay 30 psiquiatras combinando ONG y Ministerio de Sanidad, de los cuales 10 están a las puertas de la jubilación y solo 2 son mujeres, del mismo modo solo hay 2 residentes mujer. El único hospital de salud mental del país se apoya en los centros comunitarios de salud mental que hay en cada región que constan de un psiquiatra, 1 o 2 trabajadores sociales y 1 psicólogo. En el hospital no tienen psicoterapia como especialidad, ni psicoterapeutas, en la universidad ni siquiera existe formación para ello.


Los pacientes de la Franja de Gaza son muy difíciles de atender por las dificultades que se encuentran a la hora de movilizarlos, tanto para llevarlos a Belén como para mandarlos de vuelta una vez recuperados. Puede requerir un mínimo de 1 mes la burocracia de la ocupación. Así mismo las trabas del tránsito afectan a los prisioneros políticos con antecedentes de salud mental que manda Israel de sus cárceles a territorio palestino. También reciben palestinos israelíes con fin de evitar el registro de sus vivencias en el sistema de Israel. Muchos de sus pacientes son fallecen o resultan heridos en altercados fronterizos, las autoridades militares no toleran ningún comportamiento anómalo y en ocasiones lleva a conflictos con graves consecuencias. El Dr. Alshaik afirma con pesar no denunciar por temor a la represión.


El hospital, de los más antiguos de oriente medio junto con los de Egipto y Líbano, cuenta con 2 áreas para separación por sexos por motivo religioso. Un departamento de agudos; encerrados por estancias de 2 semanas a 2 meses, no hay ley que regule la autonomía del paciente de salud mental. La familia y el estado pueden solicitar el ingreso involuntario sin supervisión judicial ni control legal. Otro de subagudos donde pueden moverse libremente por las instalaciones y sus jardines; y crónicos, en el caso de muchos usado como refugio al no poder ser recuperados por sus familias a causa de la ocupación o el abandono. Cuentan, además, con Terapia Ocupacional, un Centro de Rehabilitación recién construido para tratar drogodependencias y un departamento de psiquiatría forense, donde trabajan con casos de presos políticos palestinos. Un centro con apenas 200 camas donde, explica el Dr. Alshaik, buscan tratar a todo aquel que lo necesite, aunque tengan que ponerles colchones en el suelo.


Con un 70% de los pacientes ingresados por esquizofrenia, reúnen todos los casos de toda Palestina. Entre el resto de malestares, categorizados según el manual estadístico estadounidense DSM-V, instaurado a nivel internacional como regla psiquiátrica, predominan el trastorno bipolar y los trastornos del ánimo y dentro de los trastornos de la personalidad, “borderline” en mujeres, “antisocial” en hombre, cayendo inevitablemente en un sesgo categorial sexista, arquetípico, y de patologización de las consecuencias de un contexto de violencia y abusos constantes.


Según nos cuentan el Dr. Alshaik y sus estudiantes, como en el resto del mundo encuentran dificultades en adaptar un modelo categorial ajeno a su cultura, contexto, e incluso continente, como es el DSM-V, pero les resulta muy práctico dada su falta de recursos humanos, materiales y estructurales. Pese a ello hay una gran falta de acceso a medicamentos porque las compañías nacionales no pueden adquirir los materiales, e Israel impide el comercio.


También siguen los criterios del DSM-V para abordar la sexualidad, despatologizada recientemente, pero lo abordan con máxima discreción porque la cultura lo condena duramente. El centro también sirve de refugio para aquellos casos, la menor parte, en los que las familias rechazan a víctimas de abusos sexuales y violaciones, normalmente la cultura local protege y ampara a las víctimas, aunque no haya un sistema judicial que persiga a los perpetradores, la comunidad lo hace, si bien los abusos dentro del matrimonio se suelen mantener ocultos.


"Pueblo". Ilustración de Bran Sólo

No obstante, urge la pregunta: en una tierra donde la represión, la agresión, la anulación del individuo, su enclaustramiento y el esfuerzo constante para el impedimento de su desarrollo, así como el de su sociedad ¿dónde se canaliza el sufrimiento? ¿dónde se elaboran los traumas, se comparte, se aprende, se apoya? La religión ocupa un espacio importante, la familia también, pero no es suficiente y la comunidad palestina lo sabe, lo siente y actúa en consecuencia. La red que recoge, apoya y acompaña en este país se edifica sobre una profesión principalmente: el trabajo social.


Formación, cohesión, grupos de pares, de apoyo, espacios seguros donde compartir y compartirse. Una gran cantidad de centros psicosociales, psicoclínicos, centros socioculturales, centros para discapacidades, se extienden por el territorio palestino trabajando desde los planos que desencadenan los contextos y la vivencias que quiebran la mente, lo social, lo psicológico, lo político, que no partidista.


Queda mucho por hacer, y para poder llevarlo a cabo con decencia, dignidad y el derecho a una perspectiva de futuro, lo primero que debe ocurrir es el fin de la ocupación. Mientras tanto, la psique de la sociedad palestina se apoya en los pocos profesionales que se dedican en cuerpo y esencia a sus vecinos, y se sustenta y sostiene entre redes comunitarias de una solidaridad ejemplar, construyendo, resistiendo.




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