Khan Al-Ahmar resiste

September 19, 2018

 

 

Es un caluroso día de agosto. Nuestro coche se aleja de Jerusalem hacia el este por la carretera E1 que conecta con Jericho. A mitad de camino divisamos la aldea de Khan Al-Ahmar y nos desviamos hacia allí por un empinado camino de piedra y arena.

 

A la entrada del pueblo varios hombres hacen guardia bajo el sol, inquietos. “No sabemos cuándo será. Un día vendrán los soldados con las excavadoras y demolerán todo. Tenemos que estar preparados.”

 

Caminamos entre las casas de aluminio y madera, dejando una nube de polvo a nuestra espalda. El sol corona el día y cientos de cabras descansa a la sombra, perezosas. Un hombre sonríe desde su jaima y agita la mano, invitándonos a entrar.

 

La comunidad beduina Yahalin se asentó en este lugar hace 60 años, expulsados de su propias tierras tribales en el desierto de Néguev. Actualmente esta zona se considera zona C y la Administración Civil de Israel se ha negado a proporcionar agua, electricidad, carreteras o sistemas de alcantarillado a Khan Al-Ahmar. El monopolio del agua por parte de la compañía israelí Mekorot, impide el acceso de este recurso básico a miles de palestinos.

       "Cuando Israel nos corta el agua, salimos a la carretera con las cabras y cortamos la circulación."

 

Caminamos entre las viviendas mientras Sheij nos cuenta que la autoridad israelí bloquea cualquier tipo de permiso de construcción y en los últimos diez años ha demolido 25 casas. Al final de la calle nos adentramos en la escuela, construida con adobe y neumáticos usados. Más de 150 alumnos procedentes de diferentes pueblos estudian entre estas paredes. "De no ser por esta escuela, no tendrían acceso a la educación. Es el lugar donde juegan y más disfrutan". A principios de julio los alumnos tuvieron que comenzar el colegio dos meses antes, sacrificando sus vacaciones para evitar la demolición de la escuela. "Pero este no es un caso único, actualmente existen más de 460.000 órdenes de demolición en Cisjordania Ocupada".

 

 

 

 

Al alzar la vista observamos los asentamientos de Maale Adumim y Kfar Adumim dominando las colinas que rodean Khan Al-Ahmar. Los grandes bloques colonos acechan desde las alturas, esperando la expulsión del pueblo beduino. "Para que su Plan se lleve a cabo, primero deben eliminar nuestro pueblo".

  

El Plan E1 de Israel no es otra cosa sino la máxima expresión del sionismo y su intención de borrar Palestina del mapa. Este plan consiste en la expansión de los asentamientos de Maale Adumim que rodearían Jerusalem Este y la aislarían del resto de Cisjordania. El área E1 cuenta con 12 Km2 donde se construirían 15.000 viviendas para colonos, una extensa zona industrial y hoteles. Esta nueva área colonizada partiría Cisjordania por la mitad, imposibilitando la viabilidad de un futuro estado palestino.

 

Para llevar este proyecto a cabo, las autoridades israelís quieren expulsar a 10.000 beduinos de la zona E1, quienes ya han recibido órdenes de demolición. El plan inicial es trasladarlos cerca de Abu Dis, una zona urbana cercana a un vertedero de basura donde no podrían pastar a sus animales. Israel les ofrece unas condiciones muy cómodas en este lugar, para intentar facilitar el proceso de traslado."Nosotros siempre hemos estado más conectados con las cabras que con la tierra, somos un pueblo nómada. Sin embargo, a pesar del miedo, permanecemos aquí como forma de resistencia. Palestina es nuestro hogar."

 

 

Un activista palestino nos cuenta que su mayor temor es que mientras las fuerzas de resistencia palestina se concentran en Khan Al-Ahmar, el ejército israelí destruya el pueblo beduino de Abu Nuwwar, no muy lejos de aquí. Atravesamos el calurosos desierto en coche para llegar al pequeño pueblo de 300 habitantes. "La escuela de Abu Nuwwar ha sido demolida en diversas ocasiones. Además aquí no hay electricidad. Tenemos placas solares que la autoridad israelí confisca cada cierto tiempo. No nos permiten vivir en paz".

 

Israel no ha parado de construir asentamientos y muros, contraviniendo el derecho internacional. Las quejas de los gobiernos europeos y la ONU no han servido de nada, tan sólo para ralentizar el desarrollo de un estado judío, un estado étnico-religioso, racista y excluyente que algunos se atreven a llamar democracia.

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