"Existir para resistir" El Valle del Jordán

September 3, 2018

Encaramos una última recta inmensa, parece interminable. El calor, la humedad y la fuerte presencia militar nos dan la bienvenida al Valle del Jordán, la zona que representa la frontera física entre Cisjordania y Jordania y que se encuentra bajo control absoluto israelí.

 

Tal y como hemos ido comprobando a lo largo de nuestros días aquí, la ocupación es un proceso que engloba e inunda todos los aspectos de la vida, todo aquello que hace posible el desarrollar una vida con normalidad se ve truncado. Y de eso saben bien en el Valle.

 

Llegamos a uno de los campamentos y en la puerta de una gran cabaña de adobe nos espera Rachid, un histórico activista palestino de la zona. Rachid, como tantas otras personas aquí, está marcado de por vida por la ocupación, la violencia y el expolio, pero nos confiesa que aprovecha cada segundo que tiene para cantar, bailar y estar con sus seres queridos, y por supuesto, para luchar. Es lo que le otorga la libertad bajo tanta tiranía.

 

 

 

Marca en nuestro calendario el 1967, a partir de este año la frontera natural que Palestina compartía con Jordania se trasforma y se añade esta parte a Israel. En la actualidad el Valle del Jordán se encuentra en lo que se conoce como áreas B y C, es decir, bajo control militar israelí en el primer caso, y bajo control político y militar israelí en el segundo. Esto, como en tantas otras zonas se ha traducido en violencia, desplazamientos y muerte. Hasta ese momento vivían alrededor de 300.000 personas palestinas en la zona, en la actualidad sobreviven alrededor de 60.000.

 

El asedio que Israel protagoniza en la zona diariamente tiene un objetivo claro, que los palestinos y las palestinas acaben entendiendo que nunca vivirán en paz en su tierra. Para ello, llevan a cabo un proceso de represión que va desde la destrucción total de poblados y comunidades palestinas, hasta el control sobre la producción de frutales en la zona, pasando, por supuesto, por el control absoluto sobre la extracción y el acceso al agua.

 

 

Cabe destacar en este punto que el Valle del Jordán se encuentra en una zona desértica. Para ponernos en situación, las personas palestinas que habitan en esta zona viven en su mayoría en pequeñas comunidades, sin acceso a servicios básicos (hospitales, escuelas, trasporte…), rodeados de bases militares, asentamientos israelíes y check-points y, por último, con un acceso restringido al agua de la zona. Esto se traduce en que en algunos puntos, las familias palestinas sólo tienen acceso a agua corriente dos días a la semana durante 6 horas, teniendo que obtener agua para los hogares y las explotaciones agrícolas de toda la comunidad durante ese tiempo.

 

El agua representa el principal conflicto en la zona, ya que Israel no sólo restringe su acceso, sino que también confisca y destruye los pozos y bidones de agua adquiridos por los poblados palestinos. De este modo, los palestinos tienen prohibido el acceso al agua que se encuentra en su propia tierra y, a su vez, ven cómo el gobierno israelí destina esta agua al abastecimiento de sus empresas agrícolas, a la producción de agua embotellada y al mantenimiento de los asentamientos que rodean el Valle del Jordán, los cuales hasta cuentan con piscina.

 

Pero la pesadilla no acaba aquí, los habitantes de la zona, no sólo tienen que ver cómo se les restringe el acceso a los recursos naturales que produce su propia tierra, si no que tienen que soportar cómo los empresarios israelíes explotan y se enriquecen a partir de los territorios confiscados. De modo que, como decía Rachid “no es sólo la ocupación, si no que no hay proyectos de futuro”. Israel controla los recursos, la producción y además confisca la ayuda externa que en ocasiones recibe el Valle, dejando a la población sin opciones.

 

Es por esto que la resistencia pacífica que se lleva a cabo en el Valle del Jordán vale tanto. Es por esto que valen tanto sus casas de adobe, es por esto que refresca tanto su agua, es por esto que están tan buenos sus dátiles. Porque al final, son resultado de su resistencia, porque representan la lucha, el valor y el amor por su tierra. Porque representan el mensaje que el pueblo palestino manda a Israel: seguimos aquí.

Y aquí siguen, pese a la ocupación, pese a los check-points, pese a no tener acceso a nada, pese a no tener proyectos de futuro, pese a vivir sitiados y asediados por un enemigo que no entiende de paz, aquí siguen.

 

Nos despedimos de Rachid y del Valle del Jordán con la sonrisa en la boca y el corazón en un puño. Siendo conscientes de su lucha y de nuestros privilegios. Siendo conscientes de que la resistencia se construye día a día. Siendo conscientes de que aquí, no se rinde nadie.

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