Asentamientos en Wadrahal

August 17, 2018

A las 5 de una calurosa tarde nos encontramos en la puerta de la llave con nuestros contactos palestinos para visitar la pedanía rural de Wadrahal. Durante el camino nuestro amigo al volante Abderramán (nombre falso), conductor de ambulancias durante la segunda intifada, nos narra los entresijos del paisaje.

 

Nada más dejar el nucleo urbano, cruzamos un valle donde encontramos una depuradora construida con fondos de cooperación para dotar de agua a la población de Belén. Esta depuradora fue usada finalmente también para los asentamientos circundantes tras la ocupación de la misma por el ejército israelí, como si el estado de Israel estuviera necesitado de fondos de cooperación.

 

Enfilamos la cuesta para dejar atrás el valle y así pasar al distrito rural de Wadrahal. Nos encontramos entonces con una urbanización fantasma. Nuestro conductor relata que se trata de casas construidas por la Universidad de Belén para sus profesores. Se encuentran vacías debido a la paralización de la obra por la autoridad Israelí (nos encontramos en Área C, zona palestina bajo autoridad civil israelí). Nuestro conductor nos informa de que el siguiente paso usual es la expropiación de la urbanización para la conversión de estas viviendas en un nuevo asentamiento de colonos.

 

Finalmente llegamos a la zona en cuestión. Una colina donde encontramos fincas con higueras, naranjos, olivos, granados. Empezamos a caminar y encontramos alguna viña que se ha secado, síntoma cuya causa estamos a punto de descubrir. Mohammed (nombre falso), palestino de 26 años nos lleva hasta la otra cara de la colina. Encontramos entonces otro valle con dos colinas enfrente, coronadas por los asentamientos de Givat Hatamar y Ha-Dagan. Se trata de urbanizaciones construidas de forma escalonada y circular, cuyas casas tienen orientación centrífuga, lo que permite dominar el paisaje 360º. Cual castillo medieval, se encuentra protegido por varios niveles de muro y tiene su propia guarnición, contando con puesto de vigilancia en el límite del asentamiento, en la rambla que discurre por el fondo del valle.

 

Nuestros amigos palestinos relatan que los asentamientos cogen el agua de antiguos pozos palestinos que surtían a las casas de alrededor, pozos que están ahora en posesión israelí. Para construir dispositivos para recoger agua de lluvia (embalses, alcantarillas, etc.), los palestinos residentes en Área C necesitan un permiso especial que nunca llega. Mientras, observamos que las ramblas que discurren entre las colinas de los asentamientos disponen de colectores para surtir de agua a los depósitos de los asentamientos.

 

Nos cuentan que los colonos vienen a vivir aquí con ventajas fiscales, pagando un 25% por el agua de lo que pagan en el resto de israel, descuento en autobuses, casa gratis o altamente subvencionada. Con la excusa de la religión, estos individuos fanáticos vienen con su familias a vivir en una tierra extraña en la que no son bienvenidos. Como consecuencia todos ellos reciben entrenamiento militar desde que son capaces de sujetar un rifle de asalto. Cubiertos de impunidad, realizan incursiones armados para estropear los cultivos de los palestinos o disparar a los depositos de agua de las casas para vaciarlos. Los palestinos no disponen de agua corriente debido al control que ejerce israel sobre la red de aguas, sino que cada casa palestina tiene que disponer de un bidón de agua en el tejado que se recarga periódicamente. Hasta aquí llega el control de la ocupación.

 

Si los palestinos hacen frente a los colonos en sus correrías, éstos hacen un uso indiscriminado de sus armas contra sus vecinos, sin pisar la cárcel tras ser juzgados por un tribunal israelí. En cambio, los palestinos entrarán en prisión desde el primer día por medio de una detención administrativa.

 

Bajando la colina dejamos a nuestra espalda la roca de la colina de caro mármol rojo donde vemos un gran hueco, hueco dejado por los bloques de piedra robados por los colonos, escoltados siempre por los soldados sionistas. Por el camino encontramos una arqueta donde vemos el cableado del futuro asentamiento que también construirán en la colina en la que nos encontramos. Una compañera pregunta a nuestro guía Mohammed qué piensa de la solución de un solo estado binacional al estilo surafricano, habiendo sido dinamitada la Solución de los Dos Estados (Acuerdos de Oslo 1993). Nuestro amigo ríe y promete contestar más tarde a la pregunta.

 

Tomamos asiento en el murete de hormigón a los lados de la carretera sólo para colonos construida por el gobierno israelí. Mohammed nos habla de la ironía de la situación del llamado “pueblo judío”, de una ideología – el sionismo- que transformó pueblos en los que convivían las tres religiones en pueblos monocolor, echando a las personas de sus hogares a punta de pistola. Un grupo religioso que huía de un genocidio en Europa y encontró un refugio en Palestina.

 

Cuando estaba en la cárcel, en los interrogatorios Mohammed era interrogado con argumentos religiosos: ¿quién vino antes a Palestina? ¿Moisés, Jesús o Mahoma? Nuestro amigo les contestaba riendo que debían formarse mejor, Mahoma nunca vino Palestina. La idea del sionismo educa en el concepto de que un grupo religioso constituye una nación histórica, una nación perseguida y bajo acoso terrorista en la tierra de Palestina.

 

La ocupación se vive en todos los aspectos de la vida. Nuestros amigos insisten en no portar la identificación que les obliga a portar israel. Cuando nuestros amigos quieren viajar a algún lugar de Palestina, a Nablus a tomar un baño turco, a la universidad, a trabajar, al médico, les exigen atravesar controles y muros. “Son los israelíes los que deberían enseñarnos la identificación a nosotros y no al revés. Hacía un par de días, una soldado paró a nuestros compañeros: Era rusa!” Cuenta Mohammed con una sonrisa amarga.

 

El tercero de nuestros guías, Fayed (nombre falso) nos cuenta lo que ocurre cuando los soldados deciden detenerte. Primero, te someten al proceso llamado “domesticación”. En este proceso pasas un tiempo indeterminado encerrado en cabinas de 1 metro cuadrado, junto con sesiones de interrogatorio y de torturas. Entre las torturas encontramos palizas, privación de sueño, atar a las personas de las muñecas juntas a la espalda y tirar de una cuerda para quedarte suspendido apoyado solo en la punta de los pies o gota continua. Nuestro compañero pasó 35 días en este régimen, llegando a pasar 3 días sin dormir.

 

Mohammed decide entonces contestar a la pregunta sobre un sólo estado binacional. Nos hace imaginar que alguien entra a nuestra casa, mata a un miembro de nuestra familia, echa de la casa a otro miembro, mete en la cárcel a un tercer miembro y a nosotros, el último miembro, nos quita casi todo lo que tenemos y vive de nuestra agua y energía. Entonces nos pide que ahora intentemos vivir en paz en esa casa con esa persona.

 

Llegamos a la casa de uno de nuestros amigos. Conocemos a Ludna, una activa abuela de 70 años que nos recibe con un delicioso maqluba. La abuela participa en una unión de mujeres de ayuda mutua. Esta organización funciona como caja de resistencia comunitaria ante los embates económicos de la ocupación, permitiendo a las familias seguir adelante cuando los israelís detienen a los que traen el sustento a casa o despiden a sus familiares como castigo adicional. Ludna vino a Cisjordania expulsada de su hogar por la invasión del plan Dalet en 1948. Desde entonces le ha dado tiempo a manejar bien el inglés, francés y el hebreo. Lleva sin ver a sus hermanos 20 años, refugiados por el mundo esperando ejercer su derecho al retorno.

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