Aida Camp. Campo de refugiados en Belén.

August 9, 2018

 

Hoy, volvemos a encontrarnos bajo la gran llave que preside la puerta principal del Aida Refugee Camp. Aida fue el nombre de la mujer que cedió a la ONU este terreno en la periferia de Belén por 99 años, para establecer aquí un campo para personas refugiadas palestinas originales de diversos pueblos ocupados por las fuerzas israelíes en 1948. Expulsadas tras la evacuación por lo que entonces se creyó un conflicto bélico, ahora desmentido como masacres calculadas parte de un minucioso y diligente plan de colonización. 

 

Hoy, a falta de 19 años para finalizar dicha concesión, hacemos un recorrido a lo largo de sus calles, unas calles que dan cobijo a casi 5.000 personas y que narran una historia marcada por la ocupación, el asedio y la resistencia. Hakim, médico local, nos guiará por la historia y acontecimientos del Campo de Refugiados de Aida.

 

Nos abrimos paso por Aida Camp entre calles tortuosas marcadas por restos de tiroteos y bombardeos. Aida es un libro abierto y vivo que habla de familias desplazadas que llegaron con una llave bajo el brazo con la promesa de las autoridades de un pronto retorno. En aquel entonces la media familiar palestina era de 14 miembros, aunque hoy día se ha reducido a la mitad. No pudieron imaginar que la cerradura de lo que una vez fue su hogar se alejaría cada vez más, mientras crecían a su alrededor campos sembrados de tiendas de campaña. Los años pasaron y ya no cabía esperar una resolución que los sacase de su situación, debían proseguir, y empezó la edificación. La limitación de un espacio cedido hizo de su desarrollo una verticalidad forzada resultando en la maraña de edificios que a veces llegan a cubrir el sol y ocultar la lluvia.

 

Seguimos nuestro camino entre los restos que han dejado en el suelo las incursiones israelíes a lo largo de estos 70 años. La distribución del campo supuso situaciones como el linchamiento de un tanque israelí que invadió el campo o e la perforación de las paredes de las casas para hacer túneles de paso rápido para sus tropas. Las incursiones israelíes tuvieron su auge durante la segunda intifada. Bombardeos, disparos, desfiles de tanques y militares que, lejos de minar la moral de este pueblo han tenido como respuesta diferentes formas de resistencia. Bajo este contexto nacen las pintadas que recubren las paredes del campo y aparecen los surcos abiertos por la artillería de helicóptero israelí que disolvería toda resistencia armada con la matanza de los combatientes allí asentados.

 

La cultura y el desarrollo comunitario se alza como otras formas de resistencia, ejemplo de ello es la escuela de artes, teatro y hostelería Al-Rowwad Culture and Arts Society. Una vía de construcción, evolución y resiliencia a través de la creatividad y la satisfacción de la necesidad de expresión de una población frustrada, reprimida, violentada.

 

Y cercada. En 2003 Israel  llevó a cabo la construcción del muro de separación entre las poblaciones palestinas y el terreno ocupado. En Aida ello implicó la pérdida del campo colindante que suponía espacios de ocio y recreo, y tierras de cultivo, quedando restringida su población a las calles del propio campamento. La vista quedó sin horizontes por un tapiado gris y alambre de espino.

 

Un muro que trajo a la mente conceptos como el apartheid, y la vergüenza. Muestra de ello fue la visita del Papa en la que tanto El Vaticano como Israel trataron de evitar la imagen del muro a toda costa, finalmente se realizó en la escuela de la ONU, en lugar de en el Teatro del Retorno, un espacio social al aire libre contiguo al muro. Un muro sobre el que figuran cientos de pintadas internacionales críticas y de una realidad muy dolorosa que la población entiende como apoyo internacional, aunque se critica que, al embellecerlo pueda suponer maquillar la represión. Aunque ni las vallas ni la puerta de la escuela lograron contener la imagen.

 

 

El muro tiene torres de vigilancia cada cierta distancia, una de ellas quedó inmediatamente contigua al campamento de refugiados. Esta tenía en su rango de visión la escuela de la ONU donde se escolarizaba a la población infantil. La ONU tuvo que cementar los ventanales de la escuela pues se efectuaban disparos sobre el personal y los estudiantes, se conserva uno de los carteles de la escuela original, acribillado por munición israelí, corroído por el óxido del tiempo.

 

La torre está ahora abandonada, tras los constantes incendios en respuesta a sus hostilidades.

 

El contexto, los eventos, todo ello repercute sobre la población infantil, expuesta a una represión militar desde el abuso y la desmesura.  Los niños juegan emulando lo que ven, lo que viven, la violencia y la discriminación, la carencia y la opresión. Israel ha establecido la mayoría de edad para la población palestina en 14 años, 4 menos que en la suya propia, lo que posibilita su encarcelación, con las consecuencias que ello implica sobre el desarrollo psicológico y la construcción de la identidad de un ser humano de tan pronta edad. En la mayoría de los casos basta con lanzar piedras o desafiar a la autoridad para obtener un arresto o encarcelación, en otros casos la detención administrativa de infantes, es decir, sin causa ni juicio, es llevada a cabo por soldados camuflados de paisano como herramienta de guerra psicológica, generación de miedo y búsqueda de control. Este tipo de detenciones pueden ser renovadas indefinidamente. Adameer, la ONG Prisoner Support and Human Rights Association, estima que el 60% de la población masculina palestina ha estado o está en la cárcel, actualmente registran más de 700 menores de 18 años encarcelados. Por todo el campamento se pueden encontrar carteles de fiestas de presos liberados, celebraciones muy frecuentes en Aida.

 

En otras ocasiones el arresto y la encarcelación son penas menores, quedando a la

sombra del infanticidio, como el reciente asesinato por un soldado israelí desde una de las torres de vigilancia de Aboud Shadi, refugiado palestino de 13 años que esperaba junto al centro cultural juvenil Lajee a sus amigos, desafiando un toque de queda de las autoridades israelíes en 2015. Un caso posterior de 2016, fue el asesinato a tiros del primo y mejor amigo de Abdulhamid, joven local de Aida (póster). Ocurrió durante una manifestación y disturbios surgidos en la universidad. Las fuerzas israelíes tienen orden de disparar a las extremidades o con balas de acero recubiertas de goma, en este caso se disparó a matar. Ante la vejación constante del muro, las hostilidades directas y colaterales contra población infantil, la situación de su gente, de su trato y condiciones, la pérdida que acaba de sufrir, se quebró y tomo un camino que, 6 meses después le conduciría a detonar el chaleco bomba que vestía en el centro del Jerusalem ocupado por Israel. El campamento quedó traumatizado e Israel condenó de terrorista a una víctima del terror que ellos mismos generaron meses atrás.

 

El daño psicológico provocado por la ocupación y apartheid puede llegar a ser devastador. Los medios para atender a la población son escasos e insuficientes. Centros comunitarios, centros culturales, de actividades artísticas y de formación, e iniciativas como el Proyecto Esperanza, el cual buscaba decorar las calles del campo de forma que apaciguasen la situación y camuflasen el entorno para los niños y las niñas; apoyan y construyen pero la presión, el estrés y la tensión, son constantes. La población ha desarrollado válvulas de escape, como la del consumismo; ante la carencia de necesidades básicas, derechos naturales, humanos y libertades, se alza el consumo como escapismo. Poseer un coche, sin permiso para conducirlo; poseer una casa muy elegante, pero sin agua; poseer unos zapatos exquisitos para pasear por unas calles llenas de basura; poseer un reloj ejemplar para no llegar tarde a un trabajo que nunca llega, o que no sabes si podrás mantener.

 

Mientras tanto, las gentes de Aida continúan en pie aunque un muro les impida seguir hacia delante, esperando el día en el que puedan volver a las tierras de sus abuelos, que simbolizan el pasado que se les arrebató, el futuro que se les niega, y la libertad que se les prohíbe.

 

(Pueblos originales de la población del Aida Camp)

 

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