LAS HUELLAS DE BIL'IN

August 21, 2017

 Nos reunimos con Iyad, un activista palestino del pequeño pueblo de 2.000 habitantes de Bil'in. Comenzamos la visita pisando fuerte donde se alzaban hace no mucho los cimientos del muro de 8 metros que separa las vidas de los palestinos y colonos israelíes.

Iyad, con orgullo en su mirada, nos relata que Bil'in en el año 2011 consiguió que esta gran barrera fuera desplazada 500 metros a través de la lucha pacífica. Nos explica que esta resistencia se lleva a cabo con mucha fuerza de voluntad, pues es duro pasar por todas las dificultades que suponen la opresión israelí.
Es duro sentir balas pasar a tu lado como contestación a la protesta de aferrarte a un olivo, árbol que refleja la identidad de tu pueblo y es parte del sustento de tu vida. 
Es duro ver que el horizonte se encuentra nublado de pisos donde antes estaba tu tierra. En este caso, colonos neoyorquinos que se planea que aumenten a la cifra de 250000 para 2020 y a quienes se les entrega aparte de dicha casa, seguridad militar personal y un salario de por vida. 
Es duro sentir un miedo constante al saber que cada vez que dejas tu hogar para mostrar la realidad del conflicto en otras ciudades los soldados aprovechan para herir a tus hijos como tortura psicológica.
Es duro vivir en condiciones que no son vida.

A pesar de esto y más, Iyad defiende que la protesta pacífica no es débil, sino que más bien es la más fuerte. Mientras que la resistencia violenta puede ser realizada por pocos, la pacífica puede ser realizada por todo el mundo, incluyendo niños o personas mayores. Es una resistencia a la que los medios occidentales prestan más atención y que es tan digna y valiente como cualquier otra.

 Tras el paseo entre las colinas doradas que separan Bil'in de su asentamiento vecino, nos dirigimos al huerto de un lugareño que nos invita a uvas recién recogidas mientras contemplamos al sol esconderse y nos siguen contando las múltiples dificultades que tienen en el día a día pero que aún así son sobrepasadas por la gran ayuda que se brindan los unos a los otros con su filosofía de "la unión hace la fuerza". El conflicto ha creado un sentido de comunidad, una gran familia. Es por ello que se ha reestructurado la organización, poniendo en marcha actividades como la creación de granjas para evitar el tan elevado paro que existe desde la ocupación. La preocupación social es algo que les caracteriza. Defienden que si pierden la esperanza, pierden el futuro.

Y así terminamos la velada, despidiéndonos de los habitantes de Bil'in que, como sus olivos, desde su raíz hasta sus frutos, siguen firmes hasta su último respiro por la libertad de su pueblo.

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