UNA GUERRA, MIL TRINCHERAS

“Shabab, shabab”- les dice Noemí a lxs chavalxs para avisarlxs de que los soldados israelíes se están acercando. Ellxs la miran desconfiadxs por un minuto, saben que es israelí, pero también que está de su lado, que todos los viernes a las 12 de la mañana viene a su pueblo, llamado Nabi Saleh, para unirse a ellxs después de la oración y marchar juntxs contra la ocupación. Ese mismo viernes, las IOF (Israel Occupation Forces) detuvieron a dos de sus compañerxs, también de origen israelí, en la manifestación.

El director del Lajee Center en el campo de refugiados de Aida (Belén) nos comentaba que uno de los pilares del centro es la no cooperación con organizaciones israelíes. Sin embargo, Noemí y sus compañerxs son capaces de rechazar sus privilegios, enfrentarse al ejército de su propio pais y sufrir un arresto para luchar por la causa palestina, junto a lxs palestinxs.

Immanuel se ha acercado a nosotras en la playa de Yaffo. Entre calada y calada, nos dice que está a favor de la independencia de Palestina, pero que son ellxs, “lxs árabes”, lxs que no quieren.

Mierda de mundo. Mierda de mundo en el que la educación y los medios de comunicación están controlados por una ultraderecha sionista que siembra en la sociedad israelí rechazo e indiferencia. Mierda que Immanuel no se atreva a ir con Noemí al otro lado, para ver las atrocidades que comete el ejército en nombre del Estado de Israel. Mierda que por ciertas ideas cerradas le impidiesen conocer a la maravillosa gente del campo de refugiados de Aida, haciéndole entender así que no se trata de que son ellxs, “lxs árabes”, lxs que no quieren paz. Es mucho mas complejo.

Mientras tanto, un grupo de turistas ajenxs a todo recorren la vía dolorosa de Jerusalén. Acaban de comprar una cruz de madera de olivo a uno de los tenderxs palestinxs que malviven asfixiadxs entre las murallas de la ocupada ciudad vieja. Pero eso no les preocupa, prefieren no meterse en política. Y es que ese es el problema: no meterse en politica. Esta guerra es economica, religiosa y de raza, pero tambien politica, y no hay nada peor que sentir indiferencia.

Aquí nada es blanco o negro, y no se trata de valorar quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Todo está lleno de matices, de colores, de perspectivas. Más de 60 años de conflicto han hecho que la situación se complejice, se corrompa, se perpetúe y se normalice, y es necesario tratar de no dejarse llevar por todo ello. 

Se pone el sol en Yafo, el barrio árabe de Tel Aviv, y desde la mezquita llaman a la oración. Immanuel suelta el humo de otra calada mientras dice “Fucking muslemim”. Y así atardece en esta olvidada parte del mundo, sin que se aviste solución ni remedio para este polarizado y desigual conflicto, repleto de prejuicios y extremismos, que dura ya demasiado tiempo, y que ha matado ya a demasiada gente.

Si algo hemos aprendido durante el proyecto es que la objetividad, la observación y el análisis son imprescindibles para que sea posible posicionarse con coherencia, dejando los prejuicios de lado y escuchando las voces de tanta gente cuyas historias revelan la única realidad válida de este conflicto. Y hay muchas historias, con muchos matices, de muchos colores y contadas desde muchas perspectivas: las de lxs refugiadxs, las de lxs políticxs o las de lxs voluntarixs, las de la gente que, de un lado o de otro, intenta cambiar en la medida de lo posible, algo pequeño, algo cercano. Esta gente, sea de donde sea, y haya nacido donde haya nacido, cree en la causa palestina y trabaja en su beneficio. Y eso es lo único que nos puede salvar de los extremismos de este conflicto: dejar de lado la indiferencia y trabajar para que aún quede esperanza.

Por una Palestina libre.

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