PAREDES QUE HABLAN

August 23, 2015

 

Mientras que nuestra voz, como una llama de una vela, se mantiene viva hasta que la mecha se consume o hasta que alguien o algo tira agua sobre ella, a veces nuestras obras dejan marcas indelebles, para bien y para mal, allá por donde pasamos.

En la entrada del campo de refugiadxs de Dehsheh se encuentran enfrentadas tanto física como conceptualmente dos posturas acerca de los refugiadxs, inmortalizadas en sendos anuncios. En una pancarta sujeta a la puerta abierta del campo se puede leer ”Filling the UNRWA funding gap is a temporary solution. It treats the symtomps, not the root cause”. Cara a cara, separada por unos metros y pegada a una pared se puede ver un cartel de la UNRWA en el que se agradece a Arabia Saudi la donación para poder construir trece refugios en el campo. El debate no es fácil, pero las paredes hablan por si solas, la contradicción está servida: un pais como Arabia Saudi, cuyas relaciones con EEUU, oposición a Irán compartida con Israel y violaciones a los derechos humanos son de sobra conocidas, apoyando a lxs refugiadxs que tanto han visto sus derechos violados por Israel. Además, sea el que fuere el donante, la UNRWA mantiene una situación provisional (la de lxs refugiadxs) de manera permanente al no implementarse ni las resoluciones de la ONU ni el derecho internacional. La UNRWA actúa así como un paraestado que ayuda en materias esenciales sin crear un tejido social y económico que pueda emanciparse, y aunque aquello que cubre es necesario, los fondos de que ésta dispone son de todo punto contingentes, pues dependen del libre albedrío de cada país. Asi se crea, en vez de una cuerda de sujeción, una tela de araña en la que quedarse atrapadx.

Por si a alguien se le ocurriera olvidarse, unos pocos metros más adelante, sobre la pared del centro cultural, figura la resolución 194 de la ONU, en la que se reconoce el derecho al retorno o a la compensación por las propiedades ocupadas a los refugiadxs.A ambos lados,sobre un solemne fondo negro, los nombres en blanco de los pueblos de origen de lxs refugiadxs guardan dicha promesa, atestiguando los crímenes que se cometieron, el pasado de la injusticia presente.

Al adentrarnos un poco más por las estrechas calles, llegamos a un cruce en el que reconocemos sobre una pared unas palabras escritas en hebreo. La sorpresa da paso a la intriga, y esta a su vez a la ironía y a la paradoja. Aquellas mismas calles angostas, resultado de la masificación del campo de refugiadxs, dotado de una superficie fija pero de una población en crecimiento, suponían una traba para la orientación de lxs soldadxs israelíes. Por eso, como el que hace anotaciones en un mapa, la IOF marcaba las calles para poder orientarse durante sus incursiones en el campo durante la primera intifada. No bastaba con acorralar entre los muros de 8m del campo, tampoco con cerrar la entrada a él durante el toque de queda, también había que perseguir y detener dentro de él, mancillando la seguridad y la poca intimidad que las hacinadas casas permitían.

No todo eran, no obstante, signos de opresión. A través de sus caricaturas en blanco y negro, el dibujante palestino Naji al-Ali, se solidarizaba con sus hermanxs refugiadxs en concreto y con lxs palestinxs en general. Criticaba la ocupación israelí, que somete al pueblo palestino económica, política y socialmente; así como a las clases dominantes, a las élites mandatarias tanto palestinas como árabes de países vecinos que se aprovechaban de la coyuntura para mantener su posición acomodada y privilegiada. En uno de los dibujos contrasta el espíritu del refugiadx, pobre y sin calzado, pero generoso y defensor del ”nosotrxs”, con el de lxs politicxs y dirigentes, que ricxs y bien vestidxs, solo creen en el ”yo” y en sus propios intereses.
En otra viñeta en una pared cercana, un titular de periódico informa de las guerras por el petróleo,mientras que su lector defiende en alto un dicho árabe. Según éste, la sangre de hermanos vale más que el agua. Su mujer, menos crédula, le recrimina que la sangre entre hermanxs vale tanto como una mierda, dado que por controlar el oro negro se estaba matando medio Oriente medio.
Su fusil era su lápiz y sus balas sus miles de caricaturas y viñetas, muchas de las cuales no publicó. Una bala apagó su llama un 22 de agosto de 1987 cuando trabajaba en el exilio en Londres, pero su humo perdura hasta nuestrxs días, un humo capaz de sacarnos de la placidez del aire fresco y de asfixiar al opresor que reprime a su pueblo. Las balas atraviesan la carne y el ladrillo, agujerean el cemento, pero con que tan solo una persona que conozca sus dibujos se mantenga con vida o uno de sus muros decorados en pie, las balas habrán fracasado en su propósito, Naji al-Ali y su lucha sobrevivirán 28 años o los que haga falta.

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