CRECIENDO EN EL LAJEE CENTER

August 13, 2015

 

El Lajee Center está formado por muchas personas, y cada persona tiene una historia, un recorrido y unas experiencias distintas muy valiosas, y muy valientes.

Desde que son pequeñxs, lxs niñxs de los campamentos de refugiadxs, como puede ser el de Aida, viven bajo la amenaza física de lxs militares que están al servicio del Estado de Israel. Estxs militares protagonizan habitualmente escenas de violencia, lanzando gases lacrimógenos o apuntando con sus fusiles a lxs niñxs que, lanzando piedras, tratan de defender la puerta por la que se accede al campamento de Aida, a su propia casa.

Esxs niñxs son lxs que después serán torturadxs, encarceladxs e incluso asesinadxs por mostrar resistencia y luchar por mantener en pie el hogar de todas sus familias. Es difícil concebir que un pueblo entero, amenazado y atacado constantemente por el servicio militar israelí, no reaccione con los medios de los que dispone –que son siempre inferiores- a las barbaridades de una gente que cree que lxs palestinxs no tienen derecho a vivir.

El hecho de que un pueblo que, en el verano del 2014 tuvo más de 2000 muertxs y 110000 desplazadas internxs, luche en desigualdad de condiciones contra otro cuyos medios y capacidades son infinitamente mayores, hace poner en cuestión el principal aspecto de este conflicto: ¿es una guerra o una masacre?

Es una masacre de clase, de raza, de religión, de cultura y de costumbres. Es una masacre que convierte a lxs niñxs palestinxs en futurxs defensorxs de sus tierras, jugándose la vida por tratar de salvar la de su gente. El Estado israelí acaba con todo aquello que el pueblo palestino crea y construye, y lo condena a vivir en unas condiciones infrahumanas, ya sea dentro de los muros como fuera de ellos.

Para que lxs palestinxs puedan cruzar sus fronteras impuestas, ya sea para trabajar o para poder hacer uso del servicio sanitario, tienen que pagar, como mínimo 12000 shekels (más de 2500 euros) al año. Este es un ejemplo claro de que el pueblo palestino sufre opresión de diversas maneras, ya sea por la vía económica, física, política o cultural.

Es difícil hacerse a la idea de que lxs niñxs con lxs que compartimos esta experiencia puedan ser víctimas en un futuro no muy lejano de cualquiera de las formas de violencias con las que el Estado de Israel oprime al pueblo palestino. Y precisamente por ello tratamos de hacer que ahora, sus días, sean más alegres.

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